Una pérdida importante puede alterar mucho más que el estado de ánimo: el duelo también afecta al sueño, el apetito, la energía, la concentración y las rutinas. Afrontarlo de una manera saludable no consiste en dejar de sentir tristeza cuanto antes, sino en sostener el proceso mientras se mantienen unas condiciones mínimas de descanso, alimentación, movimiento y apoyo social que ayuden a atravesar los días más difíciles.
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